Fundación Montecarmelo Fundación Montecarmelo

Noticias

Editorial mes de abril de 2017- Padre Miguel Contardo E.

 

La  Pasión y la Virgen

 

La Pasión no se puede recordar sin tener presente a María Santísima.

Si toda la vida de Jesús está íntimamente unida a la de la Virgen, lo está de un modo especial: la Pasión, pues en ella consumó Jesús la Redención y María tenía que ser la Corredentora, o el Corazón Inmaculado de la Encarnación del Hijo de Dios.

Junto al  árbol del Paraíso un hombre y una mujer contribuyeron a nuestra ruina y junto al árbol de la Cruz Jesús y María obrarían nuestra redención.

Sufría Jesús al ver a la Madre, pero al mismo tiempo la presencia de María fue el mayor consuelo que tuvo en la Pasión.

Ella lo acompañó fielmente por el camino del Calvario y en el monte del suplicio hasta el último momento.

Cuando Jesús decía desde la cruz: “Padre mío, ¿por qué me has abandonado?”, al lado suyo estaba su Madre acompañándolo. No pudo decir nunca: Madre mía, ¿por qué me has abandonado?

Le consolaba María porque aprovechaba plenamente los frutos de su Pasión. Sólo por tener un alma que le amara como la Virgen daba por bien empleados, Jesús, todos  sus padecimientos.

Le consolaba María porque sufría con Él y por los mismos motivos que Él: por expiar las ofensas que los hombres hacían a Dios. Siempre nos consuela tener a nuestro lado un corazón que vibre al unísono con el nuestro en las tristezas y en las alegrías; porque es señal de que aquel corazón nos ama.

Consolaba María a Jesucristo porque ofrecía sufrimientos al Eterno Padre en unión de los suyos para redimir al mundo juntamente con Él.

Si la Eucaristía es recuerdo de la Pasión, porque es continuación de ella, tu conducta con Jesús Sacramentado debe ser semejante a la de la Virgen durante la Pasión.

Acompáñale lo más que puedas y en las horas de mayor soledad. “Aunque sea unos cinco minutos” Las almas santas de buen grado consumirán su vida delante de Jesús Sacramentado.

Asiste al Sacrificio del Altar en compañía de la Virgen, como asistió Ella al Sacrificio del Calvario.

Oye todas las Misas que puedas y óyelas con el mayor fervor que puedas.

 

  1.  Padre Miguel Contardo E.

 

Publicado el 30/07/2014