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Editorial mes de marzo de 2019.

 

Editorial marzo

 

El Verbo se hizo carne

 

El 25 de marzo conmemoramos la fiesta de la Anunciación a la Virgen María del Arcángel San Gabriel que sería la Madre de Dios.

Es la fiesta del Corazón Inmaculado de la Encarnación del Hijo de Dios, más conocida como La Dama Blanca de la Paz. Es el momento más solemne de la historia de la humanidad.

El Espíritu Santo formó de la purísima sangre de la Señora un cuerpo perfectísimo. Creó de la nada un alma. Unió aquella alma con aquel cuerpo.

En el mismo instante a ese cuerpo y a esa alma se unió el Hijo de Dios. Dios quedó hecho hombre y el hombre quedó hecho Dios. Jesucristo Dios-Hombre.

Y María la Madre de Jesucristo, es la Madre de Dios.

Dios y el hombre hasta entonces enemistados se reconcilian.

Dios y el hombre separados por un abismo se acercan, se encuentran y se dan un abrazo tan amistoso, tan íntimo, que quedarán unidos para siempre.

Exaltación suma la del hombre, hasta unirse con la divinidad en una persona.

Humillación suma la del Hijo de Dios. “Se anonadó a sí mismo”. Gran humillación la del Hijo de Dios unirse con el alma humana, que es espíritu; pero mayor humillación unirse con el cuerpo que es materia.

Y cuando el cuerpo de Jesús, magullado y yerto, esté en la sepultura, separado del alma, allí estará la divinidad.

Y cuando Jesús instituya la Eucaristía y el cuerpo y el alma de Jesús se oculten bajo las especies sacramentales y entren en la boca y el estómago de los que comulgan, allí estará la divinidad.

Y cuando el sacerdote distribuya la comunión y, bien a pesar suyo, se desprendan algunas partículas insignificantes invisibles y caigan al suelo y sean pisoteadas por el hombre, sin querer, allí estará la divinidad. Y lo que es horrendo, cuando el hombre voluntariamente arroje al suelo la Hostia consagrada y la pisotee, allí estará la divinidad pisoteada por el hombre.

Los ángeles debieran decirle al Hijo de Dios momentos antes de hacerse hombre:

“Señor, mira lo que vas a hacer; recuerda que eres Dios”.

Pero el Verbo de Dios cerró los ojos a todas las humillaciones y dio el salto desde el cielo a la tierra.

Óyele a Jesús que te dice: ¿qué son tus humillaciones comparadas a las mías?

Con razón la Iglesia quiere que tres veces al día se rece el Ángelus: al amanecer, a medio día y al anochecer.

Esa oración preciosa en que se recuerda el diálogo de la Virgen con el Ángel y sobre todo la Encarnación del Hijo de Dios, que sea una de tus devociones predilectas

  1. M. C. †

 

Publicado el 10/10/2017