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Editorial mes de mayo de 2019.

 

Editorial mayo

 

María en la Pasión

Se puede decir que la vida pública de Cristo comenzó en la primera manifestación que hizo por medio de la
Santísima Virgen. Esta manifestación fue en las bodas de Caná, donde Cristo convirtió el agua en vino, a ruegos de
su Madre, a pesar de decirle que aún no había llegado su hora.
El Señor quería enseñarnos cómo a su Madre no le puede negar nada, y por tanto cómo Ella nos conseguirá de su
Hijo todo lo que pidamos si es cosa conveniente para nuestras almas.
La Santísima Virgen tuvo que tomar parte en los sufrimientos de la Pasión y muerte de su Hijo, como
Corredentora nuestra. Estos sufrimientos fueron los más grandes que una madre ha podido padecer y aún más que
todas las madres juntas.
Esto fue así porque todo el mundo sabe que la intensidad del dolor, depende de la intensidad del amor y como el
corazón de la Virgen ha amado a Dios más que todas las criaturas juntas, por eso ha sufrido más que todas ellas a la
vez.
Se dice que tuvo siete dolores para indicar los momentos de su vida que padeció más por su Hijo.
Estos dolores fueron: La espada que profetizó Simeón, la huida a Egipto, la pérdida del Niño, el encuentro de su
Hijo en la calle de la Amargura, María al pie de la Cruz en el Calvario, cuando le tuvo en sus brazos ya muerto y su
soledad al dejar a su Hijo en el sepulcro.
Ante los dolores de la Virgen la Iglesia no duda en llamarla Reina de los Mártires, y establece una fiesta especial
en su honor. Nosotros no podemos al menos, no amar con toda la intensidad de nuestro corazón, a esta Madre que
con tanto dolor, nos dio a luz al pie de la cruz.
La soledad de María duró los tres días que su Hijo estuvo en el sepulcro.
El Evangelio no dice que Cristo se apareciera a su Madre, pero se puede según el sentir de la Iglesia, afirmar que
no sólo el día de la Pascua, sino otras muchas veces, la Santísima Virgen gozaría de la presencia gloriosa de su Hijo,
hasta el día de su Ascensión.
La tradición de la Iglesia nos dice que la Santísima Virgen y las piadosas mujeres acompañaron a los apóstoles y
discípulos en el momento de la Ascensión del Señor.
La Sagrada Escritura dice que los apóstoles fueron al Cenáculo a prepararse con la oración a recibir al Espíritu
Santo en compañía de la Santísima Virgen.
La Virgen nos enseña con esto que en la oración hecha en su compañía recibimos las mejores gracias del Señor.
María fue la primera, el día de Pentecostés, en recibir el Espíritu Santo. Decimos que fue la primera en recibir el
Espíritu Santo, porque Ella en su vida antes que nadie, debía participar de los frutos de la Redención y recibir por
tanto los dones del Espíritu Santo en la forma más elevada que puede recibir una criatura.
En los últimos años de su vida vivía en compañía de San Juan, dedicada a la oración y a alentar a los apóstoles y
a la naciente Iglesia con sus palabras y ejemplos. Según piadosas y veneradas tradiciones debió de morir la
Santísima Virgen después de cumplir setenta años. Después a semejanza de su Hijo fue sepultada y al tercer día el
Señor la resucitó y en compañía de los Ángeles la llevó en cuerpo y alma a los cielos, donde fue coronada como
Reina Universal de ángeles y hombres.

P.M.C.E †

 

Publicado el 10/10/2017