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Editorial mes de mayo de 2018 – Padre Miguel Contardo E.

Editorial

 

El mes de Mayo es esencialmente Mariano. Varias fiestas recuerdan a nuestra Madre, en la que podemos destacar entre otras a Nuestra Señora de Fátima el 13. Luego el 24: “María Auxilio de los cristianos”. Para terminar el 31 con la Visitación de Nuestra Señora a su prima Santa Isabel. María llevó a Jesús a la casa de su prima, como si fuera la primera procesión velada del Corpus Cristi. A Isabel la ilumina con la luz del Espíritu Santo para que conozca el misterio de la Encarnación. Al hijo de Isabel le santifica: es decir, le quita el pecado original y le da la gracia santificante. El niño es iluminado para que conozca este don que trae Jesús y salta de regocijo en el seno de su madre. Todas las mañanas viene a visitarnos la Virgen y nos trae a su hijo en la Eucaristía. Trayéndonos a Jesús nos trae todo, porque es médico, maestro, luz, vida…. A los hijos muy queridos suyos les ha traído alguna vez a Jesús visible: a San Estanislao, enfermo, le puso al Niño Jesús en los brazos y con Jesús le trajo la salud. En Peñablanca por medio del Arcángel San Miguel nos trajo varias veces la Comunión visible extraída de algún Tabernáculo en que se encontraba Jesús. Cuando nos acerquemos a comulgar hagamos un acto de humildad con Santa Isabel. “¿De dónde a mí que la Madre del Hijo de Dios me traiga a su Hijo?” Este acto de humildad contiene las palabras que el sacerdote repite tres veces y que debemos repetir con él: “Señor, no soy digno de que entréis en mi pobre morada. Mas decid una sola palabra y mi alma quedará sana y salva”. La visita de Jesús a nuestra alma produce efectos semejantes a los que obró en el alma del niño Juan. Al niño Juan le infundió la gracia primera, la gracia santificante que no tenía. Cuando comulgamos ya tenemos la gracia santificante, pero Jesús nos santificará más acrecentando en nosotros esa gracia santificante. Estos efectos santificadores le pedimos a Jesús en las hermosas súplicas del Anima Cristi: “Alma de Cristo: santifícame. Cuerpo de Cristo: sálvame. Sangre de Cristo: embriágame, Agua del costado de Cristo: lávame. Pasión de Cristo: confórtame. ¡Oh! buen Jesús: óyeme. Dentro de tus llagas: escóndeme. No permitas que me aparte de ti. Del maligno enemigo: defiéndeme. En la hora de mi muerte: llámame. Mándame ir a ti. Y con ángeles y santos te alabe por los siglos de los siglos. Amén”.

Padre MIGUEL CONTARDO E.

 

 

Publicado el 10/10/2017